El pueblo y los perros

Y quién soltó los perros?

— Don Alejandro. Es el único que los suelta. (59, versión PDF)

La semana pasada leemos en La Ciudad y los perros un relato bastante violento en que los “perros”, es decir los cadetes jóvenes del tercer año del colegio militar Leoncio Prado, sufrieron a manos de los superiores debido a su posición inferior en una jerarquía social. Había escrito un comentario sobre esta jerarquía de poder, entre otras, en la obra de Carlos Fuentes. Curiosamente esta semana descubrimos otro relato de perros situados en un entorno violento, aunque esta vez son perros literales, los que llevan a cabo actos violentos y promueven un terror entre los otros personajes. Su papel, como propongo aquí, parece ser una extensión del personaje, su dueño, Alejando Cruz. Estos cuatro perros negros, Moro, Sultán, Otelo y Negus, lo acompañan siempre, hasta el momento en que los soltó en las viñas, sus ladridos bajo la luna marcando su muerte inminente.

La trama de la novela corta, El lugar sin límites (1966)del escritor chileno José Donoso Cruz, desarrolla en un pueblo marginalizado y casi olvidado, Estación El Olivo. Cruz, conocido como <<don Alejo>> por sus constituyentes, es un personaje de gran poder y fortuna debido a la herencia de la mayoría del pueblo, aparte del burdel y algunas viñas. Por ende, se sitúa en la cima de la jerarquía social en que tiene un doble papel de protector/ agresor a lo largo de esta obra. Cruz finge una devoción al pueblo, la cual se reciprocan: “Y tan bueno don Alejo. ¿Qué sería de la gente de la Estación sin él? Andaban diciendo por ahí que ahora sí que era cierto que el caballero iba a conseguir que pusieran luz eléctrica en el pueblo” (10), pero a la vez demuestra motivaciones codiciosos de poseer el pueblo en su totalidad. Sin embargo, el lector descubre que el pueblo, una vez próspero, está en declive, al igual que su latifundista y senador.

La narrativa se ha desdibujado los líneas entre no sólo los cuatros perros distintos, pero a la vez entre sus cuerpos y lo de don Alejo también: “Don Alejo se iba acercando a Pancho a través de la bodega, rodeado de los perros que brincaban. En todo ese espacio pardusco, donde hasta la cal del muro era de color tierroso, lo único vivo era el azulino de los ojos de don Alejo y las lenguas babosas, coloradas, de los perros” (17). El narrador atrae la mirada del lector de la masa de cuerpos a los ojos de Don Alejo a las lenguas de los perros como si pertenecieran a una sola cara. Además, los perros, siempre perfectamente alienados detrás de él, forman su sombra negra: “Se sacudió el agua de la manta y del sombrero. Los perros también se sacudieron” (15). Otra observación es que proporcionan una expresión externa de los sentimientos internas de don Alejo, sea ira o calma: “Fue tal la furia de don Alejo que hasta los perros la sintieron y se pusieron de pie gruñéndole a Pancho con los dientes descubiertos” (18).

Los perros también sirven como una manera de amplificar a su dual rol de protector / agresor, el que ya he mencionado. Actúan como escudo y arma al mismo tiempo por responder a los mandatos de su dueño; los azuza a alguien, Pancho Vega por ejemplo, y los llama para volver y quedarse cerca. Lo siguen por todos lados, incluso a la misa, pero, curiosamente, no al burdel. También es curioso que el burdel es el único lugar sobre que no tiene propiedad absoluta, y por eso poder absoluto, pero sirve como un refugio en que se puede dejar su ‘sombra/escudo/arma’ afuera.

4 thoughts on “El pueblo y los perros

  1. Silvia Brynjolfson

    Jennifer, me parece interesante y oportuna tu idea de incluir a los perros en la galería de personajes. Es curioso que las diferentes generaciones caninas preservaron su nombre, pero no su identidad. Por otro lado, se los mata sin misericordia con un tiro, porque parece ser fácil reemplazarlos. Tal vez sea mi imaginación, pero la costumbre de don Alejo de simplemente darles un nombre repetido para cumplir una función, es un poco simbólico del prostíbulo, donde cada mujer existe para cumplir un servicio y desaparece cuando ya no sirve para cumplir su función.

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  2. Jennifer

    Gracias por la respuesta Sylvia, tus pensamientos me hacen pensar en dos cosas: primero, con respecto al proceso de matar a los perros y después reemplazarlos con uno que tiene el mismo nombre y aparencia física, ¿podemos decir, entonces, que los perros realmente son no-sujetos porque sólo sirven para desarrollar el personaje de don Alejo?..Yo no estoy segura si yo había ententido bien lo que ES un no-sujeto después de la conversación la semana pasada acerca de El Esclavo y Tere.. pero si esto tiene sentido, entonces, podemos decir que algunas de las mujeres del prostíbulo también son no-sujetos… la única que parece escaparse de este proceso de ser “reemplazada” es Cloti, la mujer que cambió su función de cuidar a los hombres a cuidar a la casa (aun si es an vano)..y también la japonestia quien había rechazado entrar en la profesión desde el principio.

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  3. 590jennifer Post author

    Sí, Luca, ciertamente tienen este mismo papel de “guarda” este lugar/ infierno como una sola bestia…creo que la escena en que devoran el trozo de carne en “un nudo” / juntos demuestra esta imagen del Cérbero

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