
Vallejo en una noche de bohemia parisina
Ferdinand de Saussure, en su Curso de Lingüística General, problematiza los conceptos de significante y significado y las correspondencias ambiguas entre ambos a partir de la interpretación. Saussure lo intuye, aunque no lo desarrolla: un significante como á-r-b-o-l no referencia un significado unívoco en la representación mental del hablante: puede ser la planta, o el árbol genealógico, o un pedazo de brócoli, etc. Significante y significado, así, no actúan como espejo uno del otro, sino que tienden a la plurisemia, a la polivalencia y, en esta medida, a la multiplicidad.
Trilce, libro de poemas de César Vallejo publicado en 1922, apela a esta suerte de anulación explicativa. Las imágenes repercuten en la enunciación de un discurso que se crea a sí mismo en la medida que se hace. El significante y el significado se anulan en la densa expresividad que trasciende la mera referencialidad. La búsqueda en el diccionario puede aumentar la confusión, en lugar de aclarar el dilema. Las acepciones dispares, los peruanismos, las asociaciones vallejianas, dislocan el lenguaje de su carácter explicativo, comunicativo, y lo tornan denso, oscuro, hermético.
“Piano oscuro”, dice Vallejo, “¿a quién atisbas/ con tu sordera que me oye/ con tu mudez que me asorda”. Así, más allá de la mera personificación del piano, hay una especie de contravía o dislocación enunciativa, pues ver con sordera que oye… imposibilita en el lector la búsqueda de asideros referenciales, dejando el gusto de un discurso que se hace solo en el poema, sin intenciones logocéntricas ni esquematismos. La razón, en efecto, no está en el núcleo de la articulación vanguardista; hay un espíritu lúdico, en cambio, libre, no causal, que en el caso de Vallejo llega al radicalismo lingüístico. Se trata, según Julio Ortega, de “un discurso poético que resuelve en sus propios términos una suerte de mutismo del sentido, de balbuceo semántico; como si los significados plenos, naturales y referenciales, no sirvieran ya para expresar las interacciones conflictivas del sujeto en el objeto, de un proceso sin discurso propio, de habla diferida y equivalente”.
Vallejo, luego de la publicación de Trilce, viaja a París en 1923, ciudad en donde reside hasta su muerte. Son los años de los Poemas Humanos, que serán publicados de forma póstuma. Textos en donde se advierte una continuidad en el hecho de anular el referente, y en donde el café también cabe: “Me gusta la vida enormemente/ pero, desde luego,/ con mi muerte querida y mi café/ y viendo los castaños frondosos de París/ y diciendo:/ Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla…”. El gusto por la vida, como se observa, se contrapone (se anula, se complementa) con la muerte que también se quiere y con el café parisino, que es apropiado por la voz poética. Los opuestos resultan lo mismo, y el paisaje de París y sus cafés se yergue en medio de este discurso en donde las evidencias explicativas duales: vida/muerte, este/aquel, esta/aquella, trascienden su simpleza enunciativa en un intento de re-creación lingüística.
“Enfrente a la Comedia Francesa”, se lee en otro poema, “está el Café/ de la Regencia; en el hay una pieza/ recóndita, con una butaca y una mesa./ Cuando entro, el polvo inmóvil se ha puesto ya de pie./ Entre mis labios hechos de jebe, la pavesa/ de un cigarrillo humea, y en el humo se ve/ dos humos intensivos, el tórax del Café,/ y en el tórax, un óxido profundo de tristeza”. Al principio de este texto se percibe un espíritu descriptivo: destaca la voz poética el espacio físico que ocupa su cuerpo: una butaca, una mesa, en el lugar más recóndito de un específico café parisino. Luego, esa especificidad, esa descripción de lo real (el zoom cinematográfico de los tres primeros versos) se pone en tela de juicio a partir de la anulación del referente en un encadenamiento no racional, no logocéntrico, sin causas ni efectos lógicos: entre los labios peruanos está la pavesa; esta última humea; en el humo hay dos humos más (¿son el tórax del café?); y del tórax se desprende un óxido que está hecho de tristeza.
Como se observa, racionalizar la secuencia a partir de sus referentes es vulgarizar el poema. El café es denso, abstruso, sin explicaciones lógicas, como el poema mismo. El café, nuevamente, en Vallejo como en varios otros, es un emblema vanguardista.