{"id":3,"date":"2018-04-04T12:01:15","date_gmt":"2018-04-04T19:01:15","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/?p=3"},"modified":"2018-04-16T17:21:30","modified_gmt":"2018-04-17T00:21:30","slug":"bombal-maria-luisa-la-ultima-niebla-1935","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/2018\/04\/04\/bombal-maria-luisa-la-ultima-niebla-1935\/","title":{"rendered":"1. Bombal, Mar\u00eda Luisa. La \u00faltima niebla. 1935"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-5\" src=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/files\/2018\/04\/Bombal-1.png\" alt=\"\" width=\"201\" height=\"256\" \/><\/p>\n<p>Los historiadores, a la hora de mencionar un acontecimiento, hacen uso de dos conceptos claves que les permiten moldear y situar los hechos del pasado. Me refiero a las coordenadas sobre las que aterriza el acontecer hist\u00f3rico: tiempo y espacio. Como los ejes del plano cartesiano, el tiempo y el espacio ubican al historiador en un momento particular de la duraci\u00f3n hist\u00f3rica. Bajo un esp\u00edritu logoc\u00e9ntrico, los historiadores intentan aprehender, rastrear, interpretar objetivamente los aconteceres narrados en las fuentes.<br \/>\nEn La \u00faltima niebla (1935), de Mar\u00eda Luisa Bombal, el tiempo y el espacio son ejes trascendentales de la escritura justamente porque incumplen con los preceptos mencionados arriba. En esta peque\u00f1a novela la narradora no ubica a la raz\u00f3n en medio de su discurso, sino a las enso\u00f1aciones en su contacto cotidiano con un amante fantasmal y un marido parco y distante. No hay nombres de lugares o fechas espec\u00edficas en este texto. No hay alusiones o pistas que permitan rastrear y situar lo descrito: esta historia de amor y desamor pudo pasar, al parecer, en cualquier lugar y en cualquier \u00e9poca.<br \/>\nEl tiempo de la novela, por un lado, es un transcurrir de a\u00f1os, de d\u00e9cadas resignadas, en donde el recuerdo brumoso de un encuentro furtivo con un amante sin nombre nutre la rutina de la narradora, en donde ella imagina, sue\u00f1a con el reencuentro. La sucesi\u00f3n de un tiempo vegetal, hecho de troncos y de plantas acu\u00e1ticas que se trepan por su nuca, de lluvia y hojas muertas que languidecen en el tiempo, bajo una neblina constante que difumina los instantes y los vuelve eternos, crea en la novela la sensaci\u00f3n de un tiempo largo que se disuelve en un instante de eternidad enajenada, de tiempo sin medida y sin l\u00edmite.<br \/>\nEl espacio, a su vez, es inclasificable. Algunos pasajes de una ciudad oscura, difuminada por la niebla constante y en donde, a la manera de un laberinto de Escher, la narradora vuelve por sus pasos en callejuelas y plazas id\u00e9nticas que aparecen y desaparecen en dimensiones imposibles. Tambi\u00e9n, una hacienda campestre enquistada en un devenir est\u00e1tico, en donde la exposici\u00f3n de los elementos: lluvia, niebla, hojas, tierra, nos habla de un paisaje primigenio e inmutable.<br \/>\nEl texto de Bombal, en mi lectura particular, va simplemente m\u00e1s all\u00e1 de la realidad aprehendida y clasificada por los cient\u00edficos sociales. La narradora crea una atm\u00f3sfera que escapa de las lecturas tradicionales. Una meta importante de los vanguardistas era esa, precisamente: escapar, romper, configurar nuevos escenarios de experimentaci\u00f3n subversiva.<br \/>\nSubversi\u00f3n que, siendo Bombal una mujer, se potencia de manera definitiva, pues no se trata solamente de plantear una ruptura con la literatura criollista chilena, como de hecho lo hace Bombal; literatura hecha de fechas claras y evidentes escenarios realistas, sino tambi\u00e9n de nombrar una protagonista mujer que incumple con las normas de una sociedad faloc\u00e9ntrica en donde el hombre es quien otorga placer y la mujer es quien recibe ese placer que el otro ha decidido brindarle. Hay en el texto de Bombal una suerte de autodeterminaci\u00f3n del erotismo femenino que no necesita del falo para ser:<br \/>\nEntonces me quito las ropas, todas, hasta que mi carne se ti\u00f1e del mismo resplandor que flota entre los \u00e1rboles. Y as\u00ed, desnuda y dorada, me sumerjo en el estanque.<br \/>\nNo me sab\u00eda tan blanca y tan hermosa. El agua alarga mis formas, que toman proporciones irreales. Nunca me atrev\u00ed antes a mirar mis senos; ahora los miro. Peque\u00f1os y redondos, parecen diminutas corolas suspendidas sobre el agua.<br \/>\nMe voy enterrando hasta la rodilla en una espesa arena de terciopelo. Tibias corrientes me acarician y penetran. Como con brazos de seda, las plantas acu\u00e1ticas me enlazan el torso con sus largas ra\u00edces. Me besa la nuca y sube hasta mi frente el aliento fresco del agua (Bombal, 61, 62).<br \/>\nLa narradora no necesita de un hombre para descubrir placeres sensuales y desentra\u00f1ar los secretos de su propio cuerpo. Ella se funde con los elementos en una suerte de erotismo pante\u00edsta. Luego subvertir\u00e1 los roles, pues ser\u00e1 ella la que buscar\u00e1 (so\u00f1ara) el encuentro con su amante y estar\u00e1 al acecho constante del reencuentro. Esto, ahora bien, bajo la sombra patriarcal que supone el hecho de que ese amante le haya cambiado la vida, pues luego del encuentro ella solo piensa en \u00e9l. Ese amante, al final, se convierte en la raz\u00f3n de su vida.<br \/>\nConstruida sobre esa ambig\u00fcedad, entre el falocentrismo y la b\u00fasqueda de una identidad femenina, la novela evoca en escenarios surreales, delirantes, la ilusi\u00f3n de romper ese matrimonio por conveniencia entre primos, dejando a un marido torpe y asexuado y sustituy\u00e9ndolo por un hombre moreno que llega en un carruaje. Al final, Bombal construye, sin fechas ni nombres, un escenario on\u00edrico en donde la voz de una mujer atrapada en un mundo patriarcal se oye clara y desgarrada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los historiadores, a la hora de mencionar un acontecimiento, hacen uso de dos conceptos claves que les permiten moldear y situar los hechos del pasado. 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