{"id":57,"date":"2018-05-15T12:06:12","date_gmt":"2018-05-15T19:06:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/?p=57"},"modified":"2018-05-15T12:06:12","modified_gmt":"2018-05-15T19:06:12","slug":"13-omar-caceres-en-el-cafe-iris-escribiendo-1934","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/2018\/05\/15\/13-omar-caceres-en-el-cafe-iris-escribiendo-1934\/","title":{"rendered":"13. \u00d3mar C\u00e1ceres en el caf\u00e9 Iris, escribiendo. 1934"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-58\" src=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/files\/2018\/05\/caf\u00e9-lucerna-300x230.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"230\" srcset=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/files\/2018\/05\/caf\u00e9-lucerna-300x230.png 300w, https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/files\/2018\/05\/caf\u00e9-lucerna-768x588.png 768w, https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/files\/2018\/05\/caf\u00e9-lucerna.png 1024w, https:\/\/blogs.ubc.ca\/lecturas\/files\/2018\/05\/caf\u00e9-lucerna-624x478.png 624w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>Incendio del caf\u00e9 Lucerna en Santiago, 1949<\/p>\n<p>Menciona Manuel Pe\u00f1a Mu\u00f1oz, en su libro \u201cLos caf\u00e9s literarios en Chile\u201d, que \u00d3mar C\u00e1ceres, \u201csentado en el Caf\u00e9 Iris, escribi\u00f3 los versos de su \u00fanico libro <em>Defensa del \u00eddolo<\/em>\u201d. Un caf\u00e9 de la ciudad de Santiago, ubicado en el edificio Undurraga. \u201cEl Iris\u201d, dice Pe\u00f1a Mu\u00f1oz, \u201cfue centro de reuni\u00f3n de periodistas, escritores y bohemios de la noche santiaguina, especialmente de los a\u00f1os 30 y 40\u201d.<\/p>\n<p>Volodia Teitelboim, por otro lado, destacado escritor chileno y asiduo contertulio de este caf\u00e9, comenta, a prop\u00f3sito del ambiente bohemio del Iris, el instante en que tuvo contacto con C\u00e1ceres por primera vez:<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos all\u00ed con Eduardo Anguita y el Chico Molina, muchachos de ese tiempo con intenciones de literatos. Se nos acerc\u00f3 un hombre alto, p\u00e1lido, m\u00e1s bien delgado, con una frente espaciosa y grandes entradas en las sienes, que ten\u00eda una mirada penetrante y un poco ausente. Ten\u00eda tambi\u00e9n algo sombr\u00edo y cierto \u00e9nfasis nervioso. Me dije: \u00e9ste es un animal po\u00e9tico porque aparec\u00eda y desaparec\u00eda al instante, como por arte de magia negra.<\/p>\n<p>\u00d3mar C\u00e1ceres, en el Iris, tuvo la oportunidad, como se observa, de compartir con quienes eran sus pares: muchachos j\u00f3venes en procura de sus primeros escritos, que lo acog\u00edan en sus mesas a pesar de su nerviosismo y de su car\u00e1cter huidizo.<\/p>\n<p>Pues bien, teniendo en mente estos comentarios, decid\u00ed hacer una lectura de Defensa del \u00eddolo en clave de caf\u00e9, es decir, revisar en los versos de C\u00e1ceres alusiones directas o indirectas a este espacio particular. El caf\u00e9 Iris fue el lugar elegido por el poeta para la creaci\u00f3n; all\u00ed encontr\u00f3 la inspiraci\u00f3n y la fuerza necesaria para volcar en papel sus sensaciones. El Iris fue tambi\u00e9n el lugar en donde conoci\u00f3 otros escritores y seguramente otros escritos; un caf\u00e9 literario en donde las ideas circulaban y nutr\u00edan la mente de los contertulios \u00bfQu\u00e9 de eso se percibe en su libro de poemas?<\/p>\n<p>Alusiones directas al caf\u00e9, en Defensa del \u00eddolo, no se encuentran. Sin embargo, esto no quiere decir que la atm\u00f3sfera de este espacio no resuene en los poemas. Se trata de una poes\u00eda intimista, la de C\u00e1ceres, en donde la voz po\u00e9tica se escabulle llegando casi a la desintegraci\u00f3n. As\u00ed, por ejemplo, el ambiente bohemio, en donde densas nubes de tabaco coronan las cabezas de los contertulios reunidos en las mesas, que se difumina en la introspecci\u00f3n del yo narrativo:<\/p>\n<p>\u2026con frecuencia, sin embargo, yo y mis amigos-,<\/p>\n<p>(indefinidamente-,<\/p>\n<p>extendemos nuestros cigarrillos para que el mar se enderece\u2026<\/p>\n<p>y para que as\u00ed venga, me digo, a sumergir sus dos manos en mi<\/p>\n<p>(alma<\/p>\n<p>y es mi alarido s\u00f3lo, <em>que apunta a sus rayos para poder girar!<\/em><\/p>\n<p>Los ambientes nocturnos se ciernen y se cierran sobre la voz po\u00e9tica. En esas veladas noct\u00e1mbulas, insomnes, los poetas se recrean con sus divertimentos l\u00edricos. Luego de la rutina laboral, aburrida y pesada, llega la magia de la noche, plena de alucinaciones y de conjuros hechos de palabras:<\/p>\n<p>Recreo estelar ebrio de superiores h\u00e1litos,<\/p>\n<p>frente azulada de cansancios, de apurar su doble vida;<\/p>\n<p>doblega la noche de tumbo en tumbo y dame esa fuerza clara,<\/p>\n<p>serpentina de tus huesos!<\/p>\n<p>\u201cYo soy el que domina esa extensi\u00f3n gozosa\u201d, dice C\u00e1ceres, \u201cel que vela el sue\u00f1o de los amigos\u201d. Hay, como se observa, un insomnio constante en donde la noche prevalece. Noche de la ciudad y de sus s\u00edmbolos: tranv\u00edas, autom\u00f3viles, tel\u00e9fonos, calles y aceras por donde el poeta transita; espacios que al final se anulan en el mismo ojo po\u00e9tico, avizor, que les ha concedido una vida fugaz momentos antes:<\/p>\n<p>Mi pensamiento rueda y se alarga hasta mi casa,<\/p>\n<p>derramando sus lunas de sed en la tormenta;<\/p>\n<p>burgueses y mendigos y veh\u00edculos, todo lo que a mi encuentro<\/p>\n<p>(viene,<\/p>\n<p>se agranda a su contacto, resplandece,<\/p>\n<p>y anula su existencia, ac\u00e1base, en m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Es el poeta, como se advierte, quien le da vida a la realidad. Las cosas adquieren presencia, nos dijo Borges, solamente por el hecho de ser vistas. Si el poeta deja de mirarlas estas se pierden en la nada. \u201cSu mirada no cabe en un solo \u00e9xtasis de aire\u201d, dice C\u00e1ceres refiri\u00e9ndose a la mirada del poeta, \u201csino que, ingr\u00e1vida, todo lo anima y lo devuelve a su constancia\u201d.<\/p>\n<p>Es cierto, entonces, que no hay alusiones directas al caf\u00e9 en este libro de poemas. Pero eso no quiere decir, como dije antes, que la atm\u00f3sfera del caf\u00e9 no palpite en estos versos. Hay una conciencia clara de amigos, de contertulios, de colegas: \u201cni un solo pensamiento, oh poetas,\/ los poemas EXISTEN,\/nos aguardan\u201d. Y se percibe la sensaci\u00f3n, tambi\u00e9n, de ese hombre solitario en el caf\u00e9, que intenta recordar; ese hombre solitario que rumia malamente sus tristezas con un cigarrillo en la mano y una copa de licor en los labios, y que encuentra lucidez, epifan\u00edas, en el lugar de la m\u00e1s sagrada creaci\u00f3n:<\/p>\n<p>Y, ahora, recordando mi antiguo ser, los lugares que yo<\/p>\n<p>[he habitado,<\/p>\n<p>y que a\u00fan ostentan mis sagrados pensamientos,<\/p>\n<p>comprendo que el sentido, el ruego con que toda soledad extra\u00f1a<\/p>\n<p>[nos sorprende<\/p>\n<p>no es m\u00e1s que la evidencia que de la tristeza humana queda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Incendio del caf\u00e9 Lucerna en Santiago, 1949 Menciona Manuel Pe\u00f1a Mu\u00f1oz, en su libro \u201cLos caf\u00e9s literarios en Chile\u201d, que \u00d3mar C\u00e1ceres, \u201csentado en el Caf\u00e9 Iris, escribi\u00f3 los versos de su \u00fanico libro Defensa del \u00eddolo\u201d. 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