{"id":172,"date":"2020-06-21T19:41:00","date_gmt":"2020-06-22T02:41:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/?p=172"},"modified":"2020-06-23T12:38:30","modified_gmt":"2020-06-23T19:38:30","slug":"complejo-de-prometeo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/complejo-de-prometeo\/","title":{"rendered":"Complejo de Prometeo"},"content":{"rendered":"<p>Cross-post <a href=\"https:\/\/thewheelswithinwheels.wordpress.com\/2020\/06\/21\/complejo-de-prometeo-notas-sobre-las-cosas-que-perdimos-en-el-fuego-2016-de-mariana-enriquez\/\">con TheWheelswithinWheels<\/a><\/p>\n<p><strong>Complejo de Prometeo <\/strong><br \/>\nNotas sobre <em>Las cosas que perdimos en el fuego<\/em> (2016) de Mariana Enr\u00edquez<\/p>\n<p><em>Por Ricardo Garc\u00eda<br \/>\nEstudiante en el Doctorado en Estudios Hisp\u00e1nicos en la Universidad de Columbia Brit\u00e1nica (University of British Columbia)<\/em><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-181 size-thumbnail\" src=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/files\/2020\/06\/enriquez_las-cosas-que-perdimos-150x150.png\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/files\/2020\/06\/enriquez_las-cosas-que-perdimos-150x150.png 150w, https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/files\/2020\/06\/enriquez_las-cosas-que-perdimos-100x100.png 100w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/>Los 12 relatos que forman la colecci\u00f3n <em>Las cosas que perdimos en el fuego<\/em> (2016) de Mariana Enr\u00edquez pudieran ser eso que el t\u00edtulo evoca. Es decir, que cada relato ser\u00eda <em>algo<\/em> que se perdi\u00f3 en la hoguera de ese fuego fatuo al que llamamos, por comodidad, postmodernidad. M\u00edticamente, el fuego es aquello que Prometeo rob\u00f3 para alumbrar las tinieblas en que viv\u00edan los mortales griegos. El fuego de Enr\u00edquez tiene car\u00e1cter prometeico y ritual. Sin embargo, los cuentos no alumbran nuestra oscuridad, sino que, con sus llamas, nos oscurecen dentro un hornillo demente, adicto y hambriento que no se puede parar, que todo se traga. Este es el fuego ritual de la posmodernidad. En este sentido, las cosas que perdimos en el fuego son familias, casas, pueblos del oriente argentino, inocencia, maridos, hijos, parejas, ni\u00f1os criminales y asesinos, gente deforme e intoxicada, mujeres incendiarias, madres adictas y preocupadas, padres ausentes, r\u00edos contaminados, trabajos, hu\u00e9rfanos y religiosos enloquecidos.<\/p>\n<p>El fuego de Prometeo permiti\u00f3 <em>iniciar los sacrificios <\/em>que daban forma a la cotidianidad griega. Prometeo no se preocup\u00f3 por las cosas que habr\u00eda que sacrificar y entregar a las llamas por complacer a los dioses, pero s\u00ed en c\u00f3mo enga\u00f1ar a \u00e9stos para beneficio de los mortales. Los relatos de Enr\u00edquez, por su parte, tambi\u00e9n podr\u00edan apostar por ese <em>enga\u00f1o, <\/em>es decir, por tratar de burlar a ese fuego de nuestros tiempos. Hay, en este sentido, una progresi\u00f3n en la colecci\u00f3n. Del primer relato, que narra la desaparici\u00f3n de un \u201cchico sucio\u201d, como lo llama la narradora, y la aparici\u00f3n del cad\u00e1ver de un ni\u00f1o que fue cercenado y mutilado en un barrio s\u00f3rdido y ruinoso (Constituci\u00f3n) de Buenos Aires, se llega a un relato donde el fuego y la violencia tienen una funci\u00f3n simb\u00f3lica y pol\u00edtica. En otras palabras, mientras en el primer relato no se explica ni la desaparici\u00f3n del chico sucio, ni <em>leitmotiv <\/em>del asesinato del ni\u00f1o mutilado, en el cuento que cierra la antolog\u00eda, \u201cLas cosas que perdimos en el fuego\u201d, la violencia tiene una funci\u00f3n y forma parte de un rito: inmolar cuerpos de mujeres para fundar un mundo ideal de hombres y \u201cmonstruas\u201d.<\/p>\n<p>El cuento \u201cLas cosas que perdimos en el fuego\u201d comienza con un recuerdo de Silvina, personaje principal, en el subte de Buenos Aires. \u201cLa chica del subte\u201d, probablemente la primera mujer en ser quemada por su esposo, sube a los vagones del transporte colectivo y besa a los pasajeros. Recibe propinas y limosnas, pero no para operarse las quemaduras, pues las cirug\u00edas \u201cno ten\u00edan sentido, nunca volver\u00eda a su cara normal, lo sab\u00eda. Ped\u00eda para sus gastos, para el alquiler, la comida \u2013nadie le daba trabajo con la cara as\u00ed, ni siquiera en puestos donde no hiciera falta verla\u201d (pos. 295.0 \/ 315). Conforme progresa la narraci\u00f3n, se cuenta c\u00f3mo m\u00e1s mujeres son quemadas por sus parejas. La violencia contra las mujeres llega a tal grado que, en una estrategia radical, grupos de mujeres deciden prenderse fuego a ellas mismas, quemar la imagen que les hab\u00eda sido impuesta desde siempre. Las autoridades incrementan el control y la represi\u00f3n para evitarlo. Silvina participa en una hoguera filmando a una mujer que quiere difundir su inmolaci\u00f3n. El video es visto en internet por millones. La madre de Silvina y una amiga suya son jefas de dos hospitales que atienden a las quemadas luego de su ceremonia, hasta que el gobierno desbarata la red de \u201cMujeres ardientes\u201d. A pesar de las represalias, las hogueras siguen. \u201cAlgunas chicas dicen que van a parar cuando lleguen al n\u00famero de la caza de brujas de la Inquisici\u00f3n\u201d (314.0 \/ 315). Silvina duda del movimiento y \u201csent\u00eda que la furia le llenaba los ojos de l\u00e1grimas\u201d (314.0 \/ 315). Al final del relato Silvina no puede escuchar claramente a su a su madre y a la amiga que conversan sobre las hogueras, s\u00f3lo escucha que \u201cellas estaban demasiado viejas, que no sobrevivir\u00edan a una quema, la infecci\u00f3n se las llevaba en un segundo, pero Silvinita, ah, cu\u00e1ndo se decidir\u00e1 Silvinita, ser\u00eda una quemada hermosa, una verdadera flor de fuego\u201d (314.0 \/ 315).<\/p>\n<p>La historia enfatiza la relaci\u00f3n entre \u201cla quema\u201d provocada por los esposos de las mujeres y la inmolaci\u00f3n de las mujeres. \u201cLa quema\u201d ser\u00eda una herramienta de liberaci\u00f3n de las mujeres, al mismo tiempo que antes fue una herramienta de opresi\u00f3n sobre sus cuerpos*. Si el fuego ritual destruye la imagen \u201cnormalizada\u201d de la mujer, tambi\u00e9n da una nueva belleza, como dice la chica de subte. El problema, por otra parte, es que esta nueva imagen, aunque se produce en un nuevo ritual, voluntario y solemne, depende a\u00fan del cuerpo de las mujeres como \u00fanica ofrenda sacrificable y la l\u00f3gica de producci\u00f3n de la nueva imagen quiere a toda costa repetir el n\u00famero de mujeres quemadas en tiempos anteriores, como si hubiera que igualar un marcador. As\u00ed, el problema del fuego no es el problema de su apropiaci\u00f3n para la opresi\u00f3n o la liberaci\u00f3n, sino que el fuego, siempre relacionado al sacrificio, al ritual, a los inicios y finales \u201cdel mundo\u201d, guarda una estrecha relaci\u00f3n con la <em>reproducci\u00f3n <\/em>de la realidad, pues el fuego es inmanente a la vida, como el sexo o la violencia. Desde esta perspectiva, tanto \u201cLas cosas\u2026\u201d como otros relatos de la antolog\u00eda no hacen apolog\u00eda sobre aquello devorado por el fuego, pero s\u00ed evidencian la terrible situaci\u00f3n de una realidad que se consume en clics sedientos de morbo y hambrientos por ver atrocidades (\u201cPablito clav\u00f3 un clavito\u201d y \u201cVerde rojo anaranjado\u201d), que sigue condenada por viejos fantasmas como la dictadura \u00a0de Videla o los conflictos por las Islas Malvinas (\u201cLa Hoster\u00eda\u201d; \u201cFin de curso\u201d; \u201cNada de carne sobre nosotras\u201d), que se vive intoxida para sobrevivir \u00a0y donde se es incapaz de producir lazos de ayuda entre los que m\u00e1s sufren de los \u201cdescontentos\u201d de la posmodernidad (\u201cChico sucio\u201d, \u201cLos a\u00f1os intoxicados\u201d, \u201cTela de ara\u00f1a\u201d, \u201cPatio del vecino\u201d y \u201cBajo el agua negra\u201d). Se perdi\u00f3 mucho en el fuego, pero no vale la pena llorarlo. Antes bien, parece que nuestra mejor actitud frente al fuego, posmoderno o de cualquier tipo, es la de ser\u00a0responsables pero estar desempoderados, la de contar(nos) historias, para ver lo que se perdi\u00f3, lo que queda y lo que podr\u00eda perderse, o si acaso cambiar.<\/p>\n<p>*Valdr\u00eda revisar lo que otros han escrito sobre esta distinci\u00f3n, ya sea para <a href=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/cuerpo-y-fuego\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">la producci\u00f3n de g\u00e9neros nuevos<\/a> &#8221; o <a href=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/las-cosas-que-perdimos-en-el-fuego\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">sobre la dificultad de renunciar a la imagen de g\u00e9nero y la distinci\u00f3n de arma y herramienta.<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cross-post con TheWheelswithinWheels Complejo de Prometeo Notas sobre Las cosas que perdimos en el fuego (2016) de Mariana Enr\u00edquez Por Ricardo Garc\u00eda Estudiante en el Doctorado en Estudios Hisp\u00e1nicos en la Universidad de Columbia Brit\u00e1nica (University of British Columbia) Los 12 relatos que forman la colecci\u00f3n Las cosas que perdimos en el fuego (2016) de &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/complejo-de-prometeo\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;Complejo de Prometeo&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":58235,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[9],"class_list":["post-172","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-blog","tag-literature"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/172","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/users\/58235"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=172"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/172\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":184,"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/172\/revisions\/184"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=172"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=172"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.ubc.ca\/virtualkoerners\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=172"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}