Author Archives: dylan trent

La cadena del desánimo

Es difícil categorizar una obra como La cadena del desánimo de Pablo Katchadjian. Comparado con las otras obras del curso, este libro no refiere específicamente a un evento concreto, y solamente es testimonio en el sentido de que habla de opiniones verdaderas de gente real. Encontrar una cuerda que se conectan todas las citas es difícil – se ve un pedacito de como es la vida política de Argentina pero no hay un tema grande que se une todo.

Una de las ventajas de la ficción (o no ficción) experimental es que nos deja pensar y interpretar obras de arte por maneras que no son posibles o que no se recomienda el formato convencional. No estoy seguro todavía de lo que Katchadjian nos quiere entender de su libro (y según el prefacio él no está muy seguro tampoco), pero si el significado del libro fuera claro no sería una obra experimental. Seguramente hay algo útil, como dice el autor, en leer tantas voces distintas hablar de una gran variedad de sujetos distintas, generalmente con Argentina al fondo. No lo he descubierto todavía pero definitivamente hay algo que decir sobre la objetividad y la verdad enterrado por estas citas.

La cadena del desánimo

Es difícil categorizar una obra como La cadena del desánimo de Pablo Katchadjian. Comparado con las otras obras del curso, este libro no refiere específicamente a un evento concreto, y solamente es testimonio en el sentido de que habla de opiniones verdaderas de gente real. Encontrar una cuerda que se conectan todas las citas es difícil – se ve un pedacito de como es la vida política de Argentina pero no hay un tema grande que se une todo.

Una de las ventajas de la ficción (o no ficción) experimental es que nos deja pensar y interpretar obras de arte por maneras que no son posibles o que no se recomienda el formato convencional. No estoy seguro todavía de lo que Katchadjian nos quiere entender de su libro (y según el prefacio él no está muy seguro tampoco), pero si el significado del libro fuera claro no sería una obra experimental. Seguramente hay algo útil, como dice el autor, en leer tantas voces distintas hablar de una gran variedad de sujetos distintas, generalmente con Argentina al fondo. No lo he descubierto todavía pero definitivamente hay algo que decir sobre la objetividad y la verdad enterrado por estas citas.

Insensatez

Insensatez nos muestra el efecto seguido de la guerra y trauma en una manera que habla de su capacidad de lastimarnos años después del evento. Por usar un narrador completamente inepto para este trabajo – un hombre grosero y obsesionado con el sexo trabajando con 1100 páginas del material más espantoso posible – Moya nos muestra a la vez los mecanismos extraños de supervivencia que inventarán los humanos para superar el terror, y el poder eventual que la trauma puede disfrutar sobre sus oponentes menos probables. Solamente por editar y leer los cuentos de los asesinatos, torturas y masacres, el narrador de Moya entra la misma paranoia y depresión que alguien que pasara por la misma violencia de primera mano. Su humor negro no es suficiente para luchar contra lo que lee. Los actos de violencia ni siquiera están mostrados directamente – nosotros como lectores somos solamente observadores de lo que hacen al narrador, y este efecto de segunda o tercera mano es suficiente para darnos miedo. Violencia no sólo afecta los que que lastima originalmente. Se queda en la consciencia de un país años después y tiene el poder de hacer más daño.

El narrador encuentra belleza en unos pasajes escritos por las víctimas indigenas del masacre, pero la poesía al final no es suficiente para seguir siendo feliz en su trabajo. Eventualmente la escala del terror se supera – “nadie puede estar completo de la mente después de haber sobrevivido a semejante experiencia”.

Insensatez

Insensatez nos muestra el efecto seguido de la guerra y trauma en una manera que habla de su capacidad de lastimarnos años después del evento. Por usar un narrador completamente inepto para este trabajo – un hombre grosero y obsesionado con el sexo trabajando con 1100 páginas del material más espantoso posible – Moya nos muestra a la vez los mecanismos extraños de supervivencia que inventarán los humanos para superar el terror, y el poder eventual que la trauma puede disfrutar sobre sus oponentes menos probables. Solamente por editar y leer los cuentos de los asesinatos, torturas y masacres, el narrador de Moya entra la misma paranoia y depresión que alguien que pasara por la misma violencia de primera mano. Su humor negro no es suficiente para luchar contra lo que lee. Los actos de violencia ni siquiera están mostrados directamente – nosotros como lectores somos solamente observadores de lo que hacen al narrador, y este efecto de segunda o tercera mano es suficiente para darnos miedo. Violencia no sólo afecta los que que lastima originalmente. Se queda en la consciencia de un país años después y tiene el poder de hacer más daño.

El narrador encuentra belleza en unos pasajes escritos por las víctimas indigenas del masacre, pero la poesía al final no es suficiente para seguir siendo feliz en su trabajo. Eventualmente la escala del terror se supera – “nadie puede estar completo de la mente después de haber sobrevivido a semejante experiencia”.

La muerte y la doncella

La muerte y la doncella se trata de una situación en que no tenemos evidencia suficiente para cualquier lado, y solamente podemos trabajar con lo que nos dicen nuestros emociones. Como Rashomon, el clásico del cine de Akira Kurosawa, o la persa película más moderna A Separation, tenemos que examinar más allá de lo que nos dice la ley hacia un mundo en que la verdad y la realidad no tienen una relación tan definida – no siempre están de acuerdo aunque, según la ley, deberían. Los cicatrizes de esta obra son los dejado por una tortura y violación durante la dictadura de Pinochet en Chile (ostensiblemente, y es relevante para cualquier país con circunstancias así), y aunque simpatizamos con la reacción de Paulina mientras encuentra su violador – según ella – también simpatizamos con los demás. Simpatizamos con su esposo Gerardo, cuyo interés es seguir adelante y cuya involucramiento en la historia vuela más y más fuera de su control. Nuestras emociones quieren que castiguemos a Roberto, pero nuestras consciencias saben que el vigilantismo y asesinato extrajudicial no son las respuestas correctas con tan poco evidencia. Sabemos como actuar legalmente, pero no sabemos como se siente Paulina después de años de sufrimiento y paranoia. Podemos decir seguramente que no actuaríamos igual dado sus circunstancias?

Estos son los cicatrices que sobreviven después de la dictadura y que no simplemente se sanan por la noche cuando vuelve la democracia. Ariel Dorfman no nos da una solución fácil ni un final feliz, creo yo, porque no existe, ni para Chile ni cualquier país. Es difícil sufrir sólo, pero la necesidad de tener una comisión legal que investigue los abusos de los derechos humanos habla de una trauma colectiva o social. Gerardo y Paulina quieren la misma cose – sanar – pero aún así sus métodos y experiencias están en conflicto.¿Cómo puede seguir adelante la sociedad cuando cada una de su gente sufre de su propia manera?

La muerte y la doncella

La muerte y la doncella se trata de una situación en que no tenemos evidencia suficiente para cualquier lado, y solamente podemos trabajar con lo que nos dicen nuestros emociones. Como Rashomon, el clásico del cine de Akira Kurosawa, o la persa película más moderna A Separation, tenemos que examinar más allá de lo que nos dice la ley hacia un mundo en que la verdad y la realidad no tienen una relación tan definida – no siempre están de acuerdo aunque, según la ley, deberían. Los cicatrizes de esta obra son los dejado por una tortura y violación durante la dictadura de Pinochet en Chile (ostensiblemente, y es relevante para cualquier país con circunstancias así), y aunque simpatizamos con la reacción de Paulina mientras encuentra su violador – según ella – también simpatizamos con los demás. Simpatizamos con su esposo Gerardo, cuyo interés es seguir adelante y cuya involucramiento en la historia vuela más y más fuera de su control. Nuestras emociones quieren que castiguemos a Roberto, pero nuestras consciencias saben que el vigilantismo y asesinato extrajudicial no son las respuestas correctas con tan poco evidencia. Sabemos como actuar legalmente, pero no sabemos como se siente Paulina después de años de sufrimiento y paranoia. Podemos decir seguramente que no actuaríamos igual dado sus circunstancias?

Estos son los cicatrices que sobreviven después de la dictadura y que no simplemente se sanan por la noche cuando vuelve la democracia. Ariel Dorfman no nos da una solución fácil ni un final feliz, creo yo, porque no existe, ni para Chile ni cualquier país. Es difícil sufrir sólo, pero la necesidad de tener una comisión legal que investigue los abusos de los derechos humanos habla de una trauma colectiva o social. Gerardo y Paulina quieren la misma cose – sanar – pero aún así sus métodos y experiencias están en conflicto.¿Cómo puede seguir adelante la sociedad cuando cada una de su gente sufre de su propia manera?

El hablador

El hablador nos presenta con unas preguntas difíciles del progreso o primitivismo, cultura o integración, y otros temas que no sugieren respuestas clara. Vargas Llosa expresa estas opiniones conflictivas a través de las voces de sus dos personajes principales, el narrador sin nombre (ostensiblemente Vargas Llose) y Saúl quien es un indigenista peruano integrado con el tribu Machiguenga.

El argumento para modernizar tribus reales como la Machiguenga o no es difícil empezar, y aún más difícil formar un argumento concreto contra o en favor. Hablar de cosas como ‘mejorar’ las vidas de las indígenas se asigna valores y simbolismo a varios factores de sus vidas y cuyos significados sin duda ya tienen otro sentido para el tribu. Por ejemplo, matar niños con defectos de nacimiento nos parace una barbaridad en un nivel básico, pero es fácil olvidar de que hablamos del infanticidio y la eugenesia con nuestras experiences de una larga historia de conflicto y cultura, lo cual no tiene nada que ver con tribus isolados y sus propias culturas – o sea, no tienen ninguna parte en esa historia. Me encantaría decir que el asesinato por cualquier razón en cualquier circunstancia es un crimen y inherentemente ‘malo’, pero tratarlo así requiere usar la lógica occidental o ‘civilizada’ que tampoco tiene relevancia en las vidas de ellos. Existen en una burbuja con que no hemos tenido ningún contacto antes y por lo tanto no podemos equiparar nuestras experiencias con las de ellos en un contexto significativo.

Estoy más de acuerdo con Saúl y la Machiguenga que el narrador. No estoy seguro de donde Vargas Llose está con respeto a este debate aunque sé que en el pasado ha sido un proponente de algo parecido al neoliberalismo y cuyos objetivos requieren la modernización sin pensar dos veces. A pesar de lo que pensamos de la Machiguenga y sus tradiciones han evitado la civilización por razón. Saúl describe los misioneros y lingüistas, los proveedores más inocentes de la civilización según la perspectiva popular, como otro “tentáculo del imperialismo” y según yo no está equivocado. Imperialismo siempre ha operado como si fuera dando beneficios y tesoros sin iguales a las sociedades que conquista, aún así cuando los regalos eran colonialismo y imperio. Ningúna misión de civilizar se ha cumplido sin rios de sangre.

El hablador

El hablador nos presenta con unas preguntas difíciles del progreso o primitivismo, cultura o integración, y otros temas que no sugieren respuestas clara. Vargas Llosa expresa estas opiniones conflictivas a través de las voces de sus dos personajes principales, el narrador sin nombre (ostensiblemente Vargas Llose) y Saúl quien es un indigenista peruano integrado con el tribu Machiguenga.

El argumento para modernizar tribus reales como la Machiguenga o no es difícil empezar, y aún más difícil formar un argumento concreto contra o en favor. Hablar de cosas como ‘mejorar’ las vidas de las indígenas se asigna valores y simbolismo a varios factores de sus vidas y cuyos significados sin duda ya tienen otro sentido para el tribu. Por ejemplo, matar niños con defectos de nacimiento nos parace una barbaridad en un nivel básico, pero es fácil olvidar de que hablamos del infanticidio y la eugenesia con nuestras experiences de una larga historia de conflicto y cultura, lo cual no tiene nada que ver con tribus isolados y sus propias culturas – o sea, no tienen ninguna parte en esa historia. Me encantaría decir que el asesinato por cualquier razón en cualquier circunstancia es un crimen y inherentemente ‘malo’, pero tratarlo así requiere usar la lógica occidental o ‘civilizada’ que tampoco tiene relevancia en las vidas de ellos. Existen en una burbuja con que no hemos tenido ningún contacto antes y por lo tanto no podemos equiparar nuestras experiencias con las de ellos en un contexto significativo.

Estoy más de acuerdo con Saúl y la Machiguenga que el narrador. No estoy seguro de donde Vargas Llose está con respeto a este debate aunque sé que en el pasado ha sido un proponente de algo parecido al neoliberalismo y cuyos objetivos requieren la modernización sin pensar dos veces. A pesar de lo que pensamos de la Machiguenga y sus tradiciones han evitado la civilización por razón. Saúl describe los misioneros y lingüistas, los proveedores más inocentes de la civilización según la perspectiva popular, como otro “tentáculo del imperialismo” y según yo no está equivocado. Imperialismo siempre ha operado como si fuera dando beneficios y tesoros sin iguales a las sociedades que conquista, aún así cuando los regalos eran colonialismo y imperio. Ningúna misión de civilizar se ha cumplido sin rios de sangre.

El debate sobre testimonio

El ensayo de John Beverley The Margin at the Center tiene mucho que decir sobre el testimonio como forma de ‘literatura proletaria’, una expresión real del ‘pueblo’ que no puede estar condenado a las modos tradicionales de expresión como la novela. Brotherston por el otro lado parece incómodo con usar paradigmas occidentales para explicar el desarrollo o examinar el progreso de sociedades del ‘tercer mundo’, como la de Rigoberta Menchú. No creo que Brotherston rechace una interpretación marxista del desarrollo cultural de América Latina, o mejor dicho, esto no es su objetivo principal. Su meta es criticar el artículo de Levinson que considera América Latina ‘globalizada’ como otra frontera del neoliberalismo que debería estar juzgado de misma forma que el resto de ese mundo, lo cual sería injusto y incorrecto según Brotherston.

Aún así si no tomas la posición del neoliberalismo, juzgar todo el mundo y el progreso según sus terminos es igual a aceptarlo. Es negar la posibilidad de otro sendero. Cuando Levinson habla brevemente de que ya no existe el tercer mundo es efectivamente una rechazamiento de las voces que necesitan algo como el testimonia para llamar atención a sus experiencias que no tienen nada que ver con las promesas declaradas del neoliberalismo y capitalismo. Para comprender el valor y urgencia de testimonios así, diría que tenemos que dejar atrás todos nuestros nociones preconcevidas de que es ser un ser humano. Hay muchos eventos y condiciones, aún más en lugares llenos de tradición como el rincón de Guatemala donde vive Menchú, que no nos podemos explicar suficientemente con sociología y historia política occidental.

El debate sobre testimonio

El ensayo de John Beverley The Margin at the Center tiene mucho que decir sobre el testimonio como forma de ‘literatura proletaria’, una expresión real del ‘pueblo’ que no puede estar condenado a las modos tradicionales de expresión como la novela. Brotherston por el otro lado parece incómodo con usar paradigmas occidentales para explicar el desarrollo o examinar el progreso de sociedades del ‘tercer mundo’, como la de Rigoberta Menchú. No creo que Brotherston rechace una interpretación marxista del desarrollo cultural de América Latina, o mejor dicho, esto no es su objetivo principal. Su meta es criticar el artículo de Levinson que considera América Latina ‘globalizada’ como otra frontera del neoliberalismo que debería estar juzgado de misma forma que el resto de ese mundo, lo cual sería injusto y incorrecto según Brotherston.

Aún así si no tomas la posición del neoliberalismo, juzgar todo el mundo y el progreso según sus terminos es igual a aceptarlo. Es negar la posibilidad de otro sendero. Cuando Levinson habla brevemente de que ya no existe el tercer mundo es efectivamente una rechazamiento de las voces que necesitan algo como el testimonia para llamar atención a sus experiencias que no tienen nada que ver con las promesas declaradas del neoliberalismo y capitalismo. Para comprender el valor y urgencia de testimonios así, diría que tenemos que dejar atrás todos nuestros nociones preconcevidas de que es ser un ser humano. Hay muchos eventos y condiciones, aún más en lugares llenos de tradición como el rincón de Guatemala donde vive Menchú, que no nos podemos explicar suficientemente con sociología y historia política occidental.