A partir de la última década del siglo XIX, concretamente tras la culminación de la guerra hispano-cubano-norteamericana, inversionistas estadounidenses ingresaron en Cuba para hacerse con el control de la industria azucarera. Entre los años 1902 (nacimiento de Guillén) y 1932, entre el 80 y 90 % de los beneficios generados por las exportaciones azucareras cubanas terminaron en manos de inversionistas estadounidenses.
Pequeña oda a un negro boxeador cubano contiene, entre sus sendas figuras poéticas, una sinécdoque, metáfora y personificación cuyo propósito se esclarece observando esta dinámica en torno al azúcar. Los versos 5, 11, y 15 mencionan un Broadway que representa a los Estados Unidos (o, quizás, a toda nación imperialista), constituyendo así una sustitución de un todo por una parte (sinécdoque o metonimia). Simultáneamente, este Broadway es antropomorfizado con alusiones a su boca (verso 12) y a su lengua (verso 16). Esta enorme lengua húmeda es utilizada para lamer glotonamente toda la sangre de nuestro cañaveral (versos 16-17). La sangre del cañaveral puede entenderse como una metáfora representativa de las riquezas de Cuba. Estas figuras poéticas trabajan en consonancia para desarrollar una imagen de combate entre Cuba y sus explotadores. Vislumbrarlas en conjunto ofrece una lectura del poema en la que el pequeño boxeador, los géneros musicales mencionados en el verso 51, el hablar “en negro”, y otras expresiones culturales, son formas y símbolos de resistencia ante el opresor.
La estructura y la caracterización del poema son coherentes con esta lectura. El uso de versos de métrica irregular emula la movilidad y la impredecibilidad de un boxeador. Los versos cortos emulan los jabs, mientras que repitiendo ese mismo Broadway se consigue un gancho o hook. Si se aceptase esta lectura, el poema en sí podría entenderse como un acto combativo en defensa de la negritud. Músicos, poetas, y todo manifestante sin remordimientos de la cultura negra, serían honrados por esta oda.
(300 palabras)