Después de leer el libro de Arguedas El zorro de arriba y el zorro de abajo, creo que se podría afirmar que se trata de la obra más impactante que hemos leído hasta ahora (por lo menos entra en la top-tres de las más impactantes). Una de las razones que me llevan a afirmar esto es, sin duda alguna, la presencia de un hilo (casi) invisible que une las reflexiones sobre la muerte y el suicidio del ‘Arguedas dentro del libro’ con el ‘Arguedas fuera del libro’. El otro elemento que otorga al libro características únicas es la mezcla narrativa, es decir, la multitud de técnicas narrativas que se cruzan una y otra vez y, finalmente, la interesante mezcla de culturas y tradiciones.
Justo en el marco del encuentro cultural nos hallamos con un Arguedas que a través de sus palabra quiere otorgar cierta importancia a su lengua nativa, el Quechua, y también quiere difundir la cultura en la cual se ha criado y las tradiciones que conoce y que son propias de los indígenas peruanos.
En el libro la religión cristiana se enfrenta a la autóctona. La primera ha forzado la población andina a seguirla, sin embargo se nota como no haya logrado eliminar cierta independencia. El primer ejemplo de rebeldía lo encontramos en la quebradura de la lengua, es decir, en el castellano de una oración cristiana: “Amén, sulpay, amén, sulpay” (83)
Los rituales andinos y los cultos antiguos representan el real patrimonio de los pueblos autóctonos. Hay canciones en las cuales se mezclan las dos lenguas, en la cuales hay músicas y ritmos indígenas, así como invocaciones en la lengua de la tierra “Nisiutam kaypi, sumaq, millay qapaykuna, imaymana, runakunamanta, asnasqaña la mar qochamantapas […]” (65). De esta manera, se quiere guardar un mensajes y transmitirlo solo a los que puedan entenderlo. La presencia de rituales es también otro elemento que se contrapone a lo cristiano, es decir, cultos antiguos en contraste con los “civilizados” de los cristianos: “Se agachó, se puso de rodillas, recogió la mezcla de sangre, carne, tablas y plumas. […] ¡Abajo los extranjeros! ¡Rica sangre de gallo corredor!.” (73-74)
De otra parte, como ya hemos notado anteriormente, los curas extranjeros solo habían engañado a los peruanos para sacar provecho de ellos y es interesante ver como el loco del libro, Moncata, es en realidad el personaje que por primero se da cuenta de la verdad y del embeleco del cura, por eso le grita “¡Gringo!” (79) como insulto.
Para volver a las tradiciones del territorio, los zorros mismos pertenecen a los mitos andinos de la sierra, se asocian a la agudeza, al ingenio y a la astucia y simbólicamente indican que ésas son la características necesarias para poder vencer a los gringos poderosos.
Aquí se inserta otra vez la crítica a los opresores extranjeros que forman parte de ese gobierno que “te calumnia, te hace sudar, flagelar, calafatear con candela, te mete en los podridos del barro, del zancudo” (69). Un gobierno que aplasta toda tradición y cultura de un pueblo al cual se le reconoce solo el rol de sirviente.