Lituma en los Andes (Segunda semana)

Al terminar el libro, Lituma en los Andes de Mario Vargas Llosa, esta semana me gustaría enfocarme en Tomás y Mercedes. A lo largo del libro, escuchamos a Tomás Carreño contarle a Lituma todas las noches los detalles sobre su historia de amor con Mercedes. ¿Al terminar el libro, podemos decir que la relación de Tomás y Mercedes tiene un final feliz?

Tengo curiosidad por qué Vargas Llosa incorporó esta extraña aventura de amor dentro de la historia sobre ajusticiamientos de milicia, asesinatos y desapariciones de personas en los Andes. Como quiera que sea, por sus vivencias con Mercedes, nos aclara la razón por la cual el guardia Tomás Carreño termina en Naccos y es adjunto de Lituma. Al mismo tiempo, nos cautiva y transporta a enfocarnos en algo más sensible, en medio de las  investigaciones sobre horribles muertes y desapariciones que están llevando a cabo. Los sucesos de amor entremedio de las matanzas es interesante, porque como en toda historia, existen diferentes vivencias entrelazadas. La manera no común del comienzo de este romance,  todas sus odiseas durante su escape, debido a que Tomás Carreño mató al hombre que estaba con Mercedes, los peligros durante su huida, la manera en que Tomás le expresa su amor, y las incesantes negativas manifestaciones de Mercedes a Carreño diciendo que nunca existiría nada entre ellos dos nos da incertidumbre.   

En el epílogo vemos que Mercedes llega a Naccos buscando a Tomás. Ella llega al puesto donde están establecidos y conoce a Lituma. Como lectores, sabemos que Mercedes ha venido a estar con Tomás, por medio de la conversación que tiene con Lituma. Mientras dialogan, Lituma  con Mercedes él le dice, “Tomasito la quiere mucho, más bien. Yo nunca conocí a nadie tan enamorado como está él de usted. Se lo juro” (132). Igual, ella confiesa, “Yo también lo quiero mucho…Pero él todavía no lo sabe. He venido a decírselo” (132). 

Sin embargo, Vargas Llosa no nos deja ver a Tomás y Mercedes reunirse nuevamente. Como lector, quisiera saber qué sucedió cuando Tomás y Mercedes se reunieron nuevamente. ¿Alguien más siente lo mismo? Al no saber el final de esta historia de amor a través de Tomás, me pregunto si realmente podemos decir que fue un final feliz. ¿Qué piensan ustedes?

¿Podemos decir que Vargas Llosa incorporó este relato de amor como una distracción? ¿Fue una forma de mostrar algún tipo de esperanza en medio de todo el caos que estaba sucediendo en Perú en ese momento? Estas son algunas preguntas que me quedan al terminar el libro y me gustaría saber qué piensan todos ustedes también.

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Lituma en los Andes #2

Primero quiero hablar de la de los “enemigos”.  No son necesariamente personas, pero ¿quiénes son los enemigos en esta novela?  En la página 56, la señora d’Harcourt dice: “No somos sus enemigos, no somos políticos, no trabajamos para el gobierno sino para los peruanos”, lo que sugiere que los enemigos son los políticos y los que manejan para el gobierno. Es interesante que los enemigos aquí (según d’Harcourt) no son las personas que mataron físicamente a las personas desaparecidas.  Pero es un poco irónico porque creo que todos son enemigos de todos, y todos (en el contexto más amplio) juegan un papel, incluso aquellos que trabajan “para los peruanos”.

La confesión al final también fue una escena súper interesante.  Expone la “verdad” o simplemente resuelve el crimen y termina la investigación?  Para mí hay dos niveles de “verdad” aquí: el primero involucra todas las preguntas que se responden en la investigación: lo que sucedió. La segunda verdad es mucho más complicada porque trata con el por qué.  Al final, uno de los mineros confiesa que Dionisio organizó un banquete y los aldeanos fueron obligados a “probar” las víctimas.  La parte interesante sobre el final de la novela es que, en cierto modo, desafía la típica novela de detectives donde el descubrimiento de la “verdad” generalmente se celebra y se comparte al público, etc. En este caso, fue totalmente diferente. Al final, sabemos que es lo que pasó, pero esto no revela “la verdad”, solo cierra la investigación.  Quién tiene la culpa? Obviamente, las personas que mataron tienen la culpa, pero creo que el punto es que todos y todo tienen la culpa. La idea de la “verdad” ha sido un tema común en todas las novelas; uno que va mucho más allá de la trama de la historia.

Recordé algo que la señora d’ Harcourt dijo: “Hace treinta años que viajo por el Perú, y, la verdad, nunca se me pasó por la cabeza que un día tuvieron que pasar estas cosas” (55).  Por qué es que ella dice esto?  Por qué suceden estas cosas en Perú?

Lo último que quiero llamar la atención son las frases: “matar es lo de menos” y “matar sería lo de menos”, el hombre lo dice dos veces en un solo párrafo al final de la novela.  Creo que esto podría interpretarse de diferentes maneras, pero me parece un poco irónico porque la idea de matar es vista generalmente como una de las peores cosas de la vida, si no la peor.  Qué es lo que se considera peor que matar?  El canibalismo?  Esto me hizo pensar en el papel que juega el acto de “matar” y lo que significa para los dos mundos o lados diferentes en esta novela que siempre están en conflicto.

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La fotografía y el archivo

La sangre de la aurora (2014) por Claudia Salazar Jiménez es una novela única en el corpus de literatura del posconflicto en Perú. La mayoría de las novelas más conocidas sobre el conflicto fueron escritos por hombres y sus personajes principales son hombres (La hora azul; Abril Rojo; Adios, Ayacucho; Un lugar llamado Oreja de Perro). En obras anteriores el papel de la mujer es casi siempre de ser una víctima indígena de la violencia y muchas veces entra en una relación sexual con el narrador costeño. La sangre de la aurora sigue tres mujeres muy distintos: una mujer indígena, una fotoperiodista y una senderista. Aunque todas experimentan la violencia de la época, ninguna de las personajes les falta la agencia como las víctimas y las mujeres en obras anteriores. 

A pesar de romper con otros autores al tratar a las mujeres en una manera más auténtica que otras obras, Salazar Jiménez sigue influenciada por la fotografía y la visualidad tal como otros autores del conflicto y posconflicto. Melanie, la fotoperiodista de novela, ejemplifica los temas de la visualidad dentro de la novela. Durante la primera parte de la novela, ella discute con varios limeños acerca de lo que está pasando en la sierra. Nadie ha salido de Lima y todos usan lo que han visto en las noticias (la censura se pone en duda la autenticidad de lo que ven) para hablar de la situación. En la segunda mitad de la novela, ella viaja a una zona peligrosa de la sierra andina para tomar fotos y hacer entrevistas. Es aquí que la novela explora el papel de la fotógrafa y la fotografía en general. 

Lo más interesante de esta exploración es la relación entre la cámara y la fotógrafa. Después de encontrarse con la violencia en un pueblo pequeño de la sierra, ella se pregunta el propósito de mirar. Ella dice “a veces prefiero no mirar, que sea la cámara el único testigo…Mil tomas no me bastan…kilómetros de rollos no alcanzan…Que la cámara vea” (60). Aquí la pregunta de Salazar Jiménez para los de la época no es “¿Cómo no pudieron entender lo que pasaba?” sino “¿Querían ver lo que pasaba? ¿Están dispuestos ser testigos de tanto horror?”. Tal vez no. Por eso Melanie imagina la posibilidad de tener un testigo mecánico en vez de mirar. El hecho de crear un archivo es más importante que ser testigo de lo que pasó. Lo más importante es proteger y capturar la historia, y de formar un archivo. En este caso, es el archivo que recuerda que es testigo “eterno”. Parece que Salazar Jiménez explora aquí cuán difícil es para nación confrontar un pasado violento. Puede ser que es una crítica hacia los archivos fotográficos como Yuyanapaq (cuyo nombre “para recordar” se revela aquí como bastante ambiguo). Pero tal vez simplemente es admitir lo difícil de ser testigo de tanto dolor. 

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La fotografía y el archivo

La sangre de la aurora (2014) por Claudia Salazar Jiménez es una novela única en el corpus de literatura del posconflicto en Perú. La mayoría de las novelas más conocidas sobre el conflicto fueron escritos por hombres y sus personajes principales son hombres (La hora azul; Abril Rojo; Adios, Ayacucho; Un lugar llamado Oreja de Perro). En obras anteriores el papel de la mujer es casi siempre de ser una víctima indígena de la violencia y muchas veces entra en una relación sexual con el narrador costeño. La sangre de la aurora sigue tres mujeres muy distintos: una mujer indígena, una fotoperiodista y una senderista. Aunque todas experimentan la violencia de la época, ninguna de las personajes les falta la agencia como las víctimas y las mujeres en obras anteriores. 

A pesar de romper con otros autores al tratar a las mujeres en una manera más auténtica que otras obras, Salazar Jiménez sigue influenciada por la fotografía y la visualidad tal como otros autores del conflicto y posconflicto. Melanie, la fotoperiodista de novela, ejemplifica los temas de la visualidad dentro de la novela. Durante la primera parte de la novela, ella discute con varios limeños acerca de lo que está pasando en la sierra. Nadie ha salido de Lima y todos usan lo que han visto en las noticias (la censura se pone en duda la autenticidad de lo que ven) para hablar de la situación. En la segunda mitad de la novela, ella viaja a una zona peligrosa de la sierra andina para tomar fotos y hacer entrevistas. Es aquí que la novela explora el papel de la fotógrafa y la fotografía en general. 

Lo más interesante de esta exploración es la relación entre la cámara y la fotógrafa. Después de encontrarse con la violencia en un pueblo pequeño de la sierra, ella se pregunta el propósito de mirar. Ella dice “a veces prefiero no mirar, que sea la cámara el único testigo…Mil tomas no me bastan…kilómetros de rollos no alcanzan…Que la cámara vea” (60). Aquí la pregunta de Salazar Jiménez para los de la época no es “¿Cómo no pudieron entender lo que pasaba?” sino “¿Querían ver lo que pasaba? ¿Están dispuestos ser testigos de tanto horror?”. Tal vez no. Por eso Melanie imagina la posibilidad de tener un testigo mecánico en vez de mirar. El hecho de crear un archivo es más importante que ser testigo de lo que pasó. Lo más importante es proteger y capturar la historia, y de formar un archivo. En este caso, es el archivo que recuerda que es testigo “eterno”. Parece que Salazar Jiménez explora aquí cuán difícil es para nación confrontar un pasado violento. Puede ser que es una crítica hacia los archivos fotográficos como Yuyanapaq (cuyo nombre “para recordar” se revela aquí como bastante ambiguo). Pero tal vez simplemente es admitir lo difícil de ser testigo de tanto dolor. 

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Lituma en los Andes (1)

Hay mucho que desempacar en la primera mitad de la novela Lituma en los Andes, pero me gustaría enfocarme en la representación de los habitantes de Naccos. Desde el principio de la novela, se presentan los habitantes del pueblo como personas inescrutables. Lituma los describe con “caras inexpresivas, los ojitos glaciales con que lo observaría la gente de Naccos” (9). También dice que tienen “cabezas negando, monosílabos, miradas huidizas, bocas y ceños fruncidos, presentimiento de amenazas” (13). Son inescrutables, pero a la vez son primitivos y supersticiosos. Lituma pregunta al Tómas “¿De veras los indios creen eso?” (9). Vargas Llosa presenta a Dionisio y a Adriana en una manera parecida. Adriana describe como una mujer “sin edad” (21). Además, dice que ella “les adivinaba la suerte con naipes, cartas astrológicas, leyéndoles las manos o tirando al aire hojas de coca e interpretando las figuras que formaban al caer” (21). Ella practica artes “supersticiosos” y representa una ambigüedad que Vargas Llosa utiliza para representar a casi todos los de la sierra. 

Ellos no solo son ambiguos pero también ambivalentes. No hablan de la violencia que experimentan y supuestamente no dicen nada de Sendero Luminoso. Lituma pregunta “¿cómo era posible que, con todo lo que pasaba cada día a su alrededor, nunca los hubiera oído hasta ahora hacer un solo comentario sobre Sendero Luminoso?” (21). Lo peor y más peligrosos de esta representación inescrutable y bárbara de los indios es sugerir que la gente indígena de Perú son responsables por la violencia que experimentan durante esta época. No es producto del estado o del terrorismo, pero de las supersticiones y barbaridad de los Andes. 

 

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Dionisio y la perspectiva

La primera cosa que resaltó cuando leí esta novela era el cambio de perspectiva del protagonista. Hasta ahora, todas las novelas que hemos leído mostraban la perspectiva del indígena, viviendo en una sociedad donde es opresado por el hombre blanco. Sin embargo, Aquí tenemos una historia desde el punto de vista de un guardia civil, un individuo que forma parte de la fuerza opresiva contra los indígenas. Cabo Lituma es el encargado de investigar unas desapariciones que ocurrieron en Naccos, un campamento de mineros en la provincia de Junín en Perú. La trama de la novela corre paralelamente con eventos que ocurrieron en la vida de Vargas Llosa en los años ochenta. La novela esta basada en un trabajo que hizo Vargas Llosa para el gobierno peruano donde sirvió como dirigente de una misión que investigaba la matanza de ocho periodistas en un remoto pueblo en la montaña andina.

Lo que me intereso mucho, fue el uso del realismo mágico por parte del autor. Incorporo elementos mágicos del mito andino, pero también mezclo el mito griego en su novela. Con el uso de Dionisos y Ariadna, el dios griego del vino y la fertilidad y su esposa, una princesa de Creta en la mitología griega. Pero el papel de Dionisio en la sociedad es mucho mas impactante que procurar el vino y fomentar la fertilidad. Es el dios que libera al individuo de la inseguridad y de las normas sociales. Pero, “la historia de Dionisos es también un mito en torno a la violencia que surge en la vida y en la historia cuando uno se entrega a la irracionalidad” (Vargas Llosa, 2001). La organización del Sendero Luminoso es un grupo que ha hecho exactamente esto, y es así como Vargas Llosa incorpora el mito de Dionisio en su novela. Cuando uno se entrega a una ideología corre el riesgo de perder la racionalidad y basar sus decisiones en la emoción, el instinto o de tener la caridad obstruida por su ideología. Un desarrollo que vemos con el grupo; El Sendero Luminoso, en especial cuando el narrador revela que las desapariciones tienen que ver con sacrificios al apus, facilitado por los personajes de Dionisio y Ariadna.

Dionisio además de ser una influencia metafísica en el libro, también es representado como personaje. El cantinero de Naccos también se llama Dionisio y actúa como tal. Él es bisexual, tiene una esposa que se llama Ariadna que es considerada bruja y simplemente es porque no se suscriben a las normas impuestas por la sociedad de la que forman parte. Me resulta muy interesante porque son personajes que no buscan encajar en una clasificación social indígena o blanca. Viven sus vidas haciendo lo que ellos quieren sin temer el juicio de los otros. Son rasgos hedonistas que encapsula muy bien el dios Dionisio en la mitología griega. “Lituma nunca creyó en brujas ni brujerías, pero aquí, en la sierra, ya no estaba tan seguro. ¿Por qué se sentía aprensivo ante esta mujer?” (22). Se puede ver que esta vida dionisiaca le confunde al protagonista causándole a el y a muchas otras personas de pensar que es una bruja.

Me resulta muy interesante que mitos de mas de dos mil años de vejez puedan ser incorporados tan eficazmente no solo en una era completamente distinta pero también una cultura desasociada con la griega. Es una forma de transculturación de la que no había pensado antes, pero que permite de ver un problema andino con una perspectiva diferente que quizás puede revelar cosas que no se podían ver desde un punto de vista andino. Que podría explicar la incapacidad de Lituma para comprender la participación de Dionisio y Adriana en las tres desapariciones. ¿Qué pensáis vosotros?

 

“Elmundolibro.com.” Elmundolibro.com, El Mundo, 12 Mar. 2001, https://www.elmundo.es/elmundolibro/2001/03/12/anticuario/984393456.html.

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Lutima en los andes (part 1)

Lo que más me llamó la atención fue cómo el autor utiliza el tiempo. Está muy entrelazado y requiere un esfuerzo para diferenciar entre el presente y el pasado. El tiempo parece ser no lineal. Con esto también tenemos que desenredar las historias, como cuando Lituma está escuchando a Tomasito contando la historia de su relación con Mercedes. Creo que muestra cuán entrelazadas pueden estar nuestras historias con otras personas a pesar de no conocerlas bien o nunca haberlas conocido. Por ejemplo, cuando Lituma y Tomasito se dieron cuenta de que el mudo que los ayudó y desapareció era el mismo hombre que vigilaba las vicuñas que mataron los terrucos.

Hay muchos temas que han aparecido en las otras novelas como la violencia, un gobierno corrupto, y ahora tenemos una introducción al realismo mágico. En lo que hemos visto en la novela con Dona Andriana, la esposa del cantinero Dionisio, ella piensa que las desapariciones son por un demonio, un espíritu, o algo sobrenatural.  Me gusta mucho el realismo mágico porque, come el tiempo y los historias aquí, tenemos que separar algunas cosas como lo real de lo mágico o el pasado del presente.

Me interesa mucho la idea de los terrucos que la gente es demasiado individualista y debería ser colectivista en su lugar. Por lo general, vemos un grupo que lucha por liberarse del reinado de un gobierno que predica contra el individualismo, por lo que ver lo contrario es bastante fascinante.

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Lituma en los Andes (1)

Lituma en los Andes parece como un pastiche o popurrí de tantos estilos, que—a pesar de que tiene los andes como escenario—la novela parece muy diferente de las otras “novelas andinas” (si eso existe). La narración en la novela, en primer y tercera persona, cambia entre muchos personajes que tienen vínculos menos fuertes que vemos en El mundo es ancho y ajeno, con el marco más específico de Rumi, y el personaje en que toda la comunidad se centra, de Rosendo Maquí. En Lituma en los Andes, el marco sí se centra en la comunidad de Naccos—pero las viñetas o las escenas de los otros personajes pasan en otros lugares. La conexión en ese caso, la desaparición de los tres hombres y la construcción de la carretera—siempre regresa a los personajes de Lituma y Tomas. Sin embargo—y a diferencia de Rosendo Maquí—aquí, la conexión entre las viñetas son dos hombres, aislados de la comunidad. Además, a pesar de que ellos son los personajes en que se centran el texto, o a que regresamos continuamente, ellos son casi interrupciones a lo que puede estar “la novela andina”, con una narrativa detective y una historia de amor.

Una conexión que existe, entre todas las narrativas es la violencia. El misterio de las desapariciones tiene conexiones específicas a Perú y los andes, con los sospechosos del Sendero Luminoso o el pishtaco (una leyenda andina). Pero, otros elementos de la violencia (hasta ahora) parecen como elementos universales. Eso, se puede ver también con el epígrafe de Willliam Blake: “Cain’s City built with Human Blood, not Blood of Bulls and Goats”. A diferencia de los elementos paratextuales en El zorro de arriba y el zorro de abajoy Raza de bronce, que vienen de los autores mismos y que hablan específicamente de los elementos didactas de sus textos, y como ellos pueden narrar (y universalizar) la experiencia andina—aquí, la referencia es ni andina, ni peruana. Sin embargo, con el epígrafe de Blake, aunque ese puede hablar sobre la violencia en los andes, habla sobre un caso de violencia universal. A pesar de que la novela se centra en la violencia contra las personas (con las descripciones del Sendero Luminoso y los pichtacos), la escena que más me llamo la atención era la descripción de la matanza de las vicuñas de Pedrito Tinoco. A diferencia del epígrafe, que describe a una ciudad construido con la sangre de los humanos (algo que sí vemos con los turistas franceses), aquí, hay una “orden de la dirección” de matar a las vicuñas para promover sus propios objetivos:

“Es una orden de la dirección. Ésta es una reserva del enemigo. El nuestro y el tuyo. Una reserva que inventó el imperialismo. Dentro de su estrategia mundial, ése es el rol que nos han impuesto a los peruanos: criar vicuñas. Para que sus científicos las estudien, para que sus turistas les tornen fotos. Para ellos, tú vales menos que estos animales” (29).

Me parece una contradicción interesante al epígrafe, especialmente porque Pedrito mismo pensaba que él sí tuvo el mismo valor de las vicuñas, y no por el imperialismo, pero por la conexión que él tenia con los animales—el solo idioma que él podía hablar. Siempre en estos encuentros, hay una falta de comunicación—con Pedro que no puede hablar, y con los franceses que no pueden hablar quechua y saben poco español.

Este blog (como la novela) es una mezcla de ideas que hasta ahora no tienen vínculos tan fuertes. Pero, leyendo la segunda mitad de la novela, me interesa la idea de como el epígrafe relaciona al texto, y ¿si eso puede contribuir, o no contribuir al texto como una novela andina?

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Lituma

 

 

Creo que como se hizo referencia a este libro la clase anterior, hay que tener muy en claro que la época de la narración es muy diferente al resto de novelas leídas. Más aun algunas de las disputas políticas que construyen el marco histórico de la novela son posguerra fría, lo cual definió un antes y un después en las relaciones domesticas e interestatales de Perú, y creo nuevas divergencias socioeconomicas en la sociedad peruana.  Esta novela no es un recurso que le da voz al pueblo indígena, si no a las víctimas de un mosaico de violencia y barbaridad.

Podemos ver como a lo largo de la primera parte el autor presenta pequeños relatos de crímenes y matanzas cometidas por Sendero Luminoso. A partir de ello, podemos inferir algunos motivos de este  grupo terrorista. Por ejemplo, mediante la historia de Albert y Michelle se puede observar que Sendero Luminoso presenta una política nacionalista, dentro de la cual los turistas representan una amenaza. Por otro lado, este relato es de la perspectiva de Albert, quien muestra una perspectiva optimista y pintoresca de los andes peruanos. Me pregunto si esto es porque Vargas Llosa busca demostrar la inocencia de las víctimas de estos actos terroristas o si quiere demostrar también como la romantizacion y la simplificación de Latinoamérica ante los ojos del occidente y como participa dentro del desarrollo cívico de Perú.

Por otro lado, tenemos el ejemplo de la justicia popular. La justicia popular empodera al pueblo que se encuentra desamparado por parte del Estado Peruano. Pero a su vez es representada mediante la histeria y la incitación a la violencia. Esto nos representa la dimension terrorista, el usa de la violencia como extension de la naturaleza misma de Sendero Luminoso. Primero, SL busca que la comunidad participe mediante la practica de empatia, fortaleciendo  “viejas querellas, soterrados resentimientos, envidias sordas, odios familiares” y el miedo, que aliado a la necesidad de subrevivir busca al lado mas fuerte y por ende mas violento. Consecuentemente, no es necesario para los terroristas participar en el ajusticiamiento si no son los propios pobladores quienes asesinan a sus vecinos y familia.

Ademas, escribir sobre el caso del homicidio de los ecologistas hace  referencia a la fuerza progresista versus a un Sendero Luminoso cual violencia se soporta en la fuerza bruta de la naturaleza de los andes.  Finalmente, la barbarie de SL se entrelaza con la representacion indigena, revindicando a la comunidad andina como parte de la revolucion y no como victima de una lucha externa y centralista.

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Intervención/ interferencia y la radio. Tecnologías de escritura (III) en Lituma en los Andes (primera parte)

Lituma en los Andes (1993) es como Edipo en Colono (401 a.C): los personajes principales de ambos textos viven guiados por las historias que le cuentan los otros personajes para poder ubicarse, ya que Edipo está ciego y Lituma es incapaz de ver la complejidad con la que se topa en el poblado de Naccos. En el caso de Lituma, los sonidos juegan un papel central en la forma en que se desarrollan sus acciones y, más aún, la manera en que estos sonidos son narrados también dan forma a la novela.

La vida de Lituma, en la primera parte de la novela, pudiera resumirse en escuchar y no confiar y repetir este ciclo (además de no comprender). Por otro lado, desde la primera mujer que se queja por la desaparición de su esposo, se dice que Lituma escuchaba esa voz como “sonidos indiferenciables que […] le hacían el efecto de una música bárbara” (9). Lituma y la novela misma pronto se convierten en radios, en transmisores que por la altura y la distancia son como la radio que tiene la guardia civil de Naccos, “una radio de pilas que, si no había desarreglos en la atmósfera, captaba Radio Nacional y Radio Junín. El cabo y el guardia pasaban tardes y noches pegados al aparato, tratando de escuchar las noticias de Lima o de Huancayo (10). Por consiguiente, Lituma no sabe si lo que escucha es cierto y más aún, si sus palabras no son repetición de alguna de las estaciones que escucha. A su vez, la novela se va construyendo como una radio que se balancea entre la narrativa de Tomás, contada como radio novela y los textos sobre los turistas (11); el opa (25); el alcalde (37); la ecologista (51); y el comerciante (70) como propaganda radiofónica nacional.

Ahora bien, Sendero aparece como un ruido que exige silencio (14) a toda transmisión radiofónica. Como un cordón de dinamita, Sendero explota en la narrativa y cimbra la radio que transmite. Así, al texto lo pueden intervenir diferentes frecuencias, a veces frecuencias con tantas voces (como de los que forman Sendero) que se acercan al ruido blanco, al silencio. No importa tanto si Sendero es incomprendido o ambivalente, sino que el amor a su causa es como el amor de Tomás al secuestrar el autobús y llevarse a Mercedes: un dominio del amor (y de la violencia), un amar odiando, a la Žižek. ¿Pero, esto es suficiente?

 

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